martes, 27 de julio de 2010

La percanta


Sólo el contacto con las sábanas de seda y aquella voz amable y varonil susurrándole al oído, le devolvieron la conciencia.

- Tenés sed? - dijo extendiéndole la copa helada con gesto decidido aunque suplicante.

Laura asintió con esa mirada tan suya penetrándole la negritud de sus pipilas. (pipilas, dije?)

En ese exquisito instante - el señor R. sintió
dentro de sí como un tornado en el mismísimo averno (En su cosmos, digamos)

Quiso palparse la boca entre el cosquilleo casi imperceptible de las burbujas del cava, y no se halló.

Fue plasma, océano, dunas. 
Entrega, sacrificio. 
Consagración.  
Locura, al fin.
 

Y apenas pudo balbucear un nombre:

Laa... a... au... ra...

martes, 20 de julio de 2010

Guarda con los te quiero facilongos


Hubo un alguien que le dijo te quiero tan suelto de cuerpo como quién dice: ¿me das 1/2 kilo de pan? Y ella metió la pata hasta el caracú. En apenas unas décimas, pasó de ser gata que desconfía a perra entregada, flor de loto.

Hoy anda renga. Cercenaron su talón de Aquiles (ay!) pero no fue lo peor. Lo extremadamente peor, fue el asesinato a sangre fría de su pánfilo corazoncito.

- Nunca más - Lo dice y repite una y otra vez.

Al menos, no de este lado violado del arco iris.
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lunes, 31 de mayo de 2010

Vívidos episodios difíciles de olvidar


Una vez, hace ya varios años, cuando la vida pintaba otros colores y otras eran las corrientes, los fines de semana solíamos cenar en un restorancito coqueto de un barrio norteño de Buenos Aires. Una noche, le pregunté al mozo, más coqueto y finoli que el barrio, si me sugería las mollejas al verdeo sauvignon blanc, a lo que, con voz elegante de locutor recibido con honores en el ISER, respondió: - Desde luego, Madame. Acto seguido e inclinándose levemente hacía mí, agregó pícaro y susurrante: - Aunque a decir verdad, para mí nada mejor que un buen plato de arroz blanco con dos huevos fritos a caballo.



miércoles, 10 de marzo de 2010

El Margot de San Ignacio

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También estuve ahi.

Claro que el tiempo del verbo es lo de menos, porque al estar estuve físico del ayer, le sigue irremediablemente el estar estoy guardado del ahora.

(Ves? Bastó leerte nomás)

Sólo hay que subir al altillo de la memoria y sacudir despacito los retazos arrumbados para que no estornuden su desidia los duendes idos.

(Me debés 8 líneas)

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miércoles, 10 de febrero de 2010

decálogo de una decadencia



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El principio de la caída sucedió cuando el quía empezó a darle la espalda en la cama. Esa noche, se apagaron para siempre todos los faros del mundo y el océano, como una anémona inmensa, devoróse todita la luna llena.
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sábado, 23 de enero de 2010

big bang tic tac crash - ¿2012?

lunes, 20 de abril de 2009

Laura nocturna



Brumas sobre la tarde.

En cuclillas, el sol tiñe de un púrpura intenso la ciudad. El día es un soplo sonrojándose ante una luna esquiva. Hiede a Buenos Aires en los subtes atestados de cuerpos anhelantes de regreso.

Un tango ronca alborozando el aire.

El perfil de Laura resplandece iluminado por el neón de una vidriera. Parece un ángel. Sus finos rasgos esconden un cansancio casi irreal. No ha dormido en dos días y le duelen las piernas de caminar. Debería haber ido a descansar un par de horas, cambiarse las botas de taco aguja, al menos; aunque sabía que no era lo mismo sin ellas. Además no podía perder tiempo, la cuota del colegio de Matías cayéndole encima...

Su rostro se enciende al pensar en él.

Sin darse cuenta y de modo automático, tantea en el fondo de la cartera el espejito que le regalara su hijo. Mira con displicencia la imagen que le devuelve el espejo de sus cabellos y sonríe al descubrirlos añil tornasolados.

En ese instante y reflejado en él, ve acercarse al reluciente auto negro que se detiene justo frente a ella. Lo de siempre – piensa – Ahora bajará la ventanilla y otra vez la misma pregunta rasgando el aire: - ¿Cuánto, princesa?

Sin embargo, esa noche no sería igual.

Ya en el interior del auto y envuelta en el aroma dulzón de un habano se inquieta frente a esa presencia extraña. Mucha agua bajo el puente - piensa – ¿Qué le ocurría entonces? ¿Por qué ese desasosiego?

Prefiere poner su mente en blanco. No había otra opción.

El vehículo retoma por Callao hacia Libertador con un andar casi felino; es europeo, grande… quizá un Volvo o un Saab. Desde niña le habían atraído los autos. Se acomoda en el asiento, buscando distender un poco sus músculos. Disfruta del aroma a cuero y a raíz de nogal del tablero y mira con disimulo a su conductor. Manos grandes y cuidadas.

¿Cuándo se decidiría a hablarle?

El auto se detiene con el semáforo rojo de Dorrego, puede sentir su mirada atravesándola.

Amarillo, verde... Dorrego a la derecha, entrada principal y cochera fija en la playa del Hipódromo.

Ya en la confitería y sin haber emitido un solo sonido hasta el momento, el hombre del habano deja oír su áspera y educada voz:

- Para mí lo de siempre, Juan.
- Sí señor, un Roy Leben. ¿Y para la señora? - pregunta guiñándole un ojo de manera cómplice.

Esto incomoda a Laura que se revuelve en la silla. ¿Por qué?. Ella sabía bien lo que venía después. Vaya si lo sabía...

De pronto se da cuenta que ha quedado sola frente a él y baja la mirada. El mozo vuelve casi de inmediato con ambas copas, interrumpiendo su pensamiento: – Champagne para la señora...

Por fin sabría que hacer con sus manos.

Laura bebe un sorbo de modo sensual. La divierten las burbujas en su boca. Ensaya una mirada pícara y sólo logra turbarse aún más. ¿Por qué esa desazón? En cualquier momento le dispararía el archiconocido “Cuánto, princesa…?”

El hombre del habano le clava nuevamente los ojos y con un murmurar, pregunta:
- ¿Qué lugar ocupa el amor en tu vida?

Y sin dejarla responder, agrega:
- Porque hoy, hoy sólo hablaremos de amor.

Piedra libre para la escurridiza luna que resurge entre las brumas.

Como Laura.
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