miércoles, 23 de febrero de 2011

Garúa

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La lluvia, cualquiera sea su medida, entra por todos los uines: por los ojos, el oído, la piel, la boca. Llega hasta los girasoles pachuchos de tu médula, la lluvia. Tal vez, quizás, peut être, algun día resuciten y se vuelvan a mostrar erguidos. *Enhiestos. Y si no, no.

(*Me gusta esa voz poética, aunque pueda sonar algo barroca o rebuscada)
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sábado, 19 de febrero de 2011

Nada que desembuchar

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¿Estaré a un tris? ¿A un solo paso? 
Aquí, parada frente al portón, en lo umbrío
a segundos del streptease final
se desliza la carne del hueso, lento
como último acto sexual.

martes, 4 de enero de 2011

Walking in the Rain




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La melancolía, no es como un estado natural en el hombre? Por más exultante que se presente el día siempre hay un momento para ensimismarse, sea pensando en un amor pasado, ese algo que pudo ser y no fue, o en cualquier otro episodio que hace flaquear y nos quita energía. Quién no se ha quedado pispeando por la ventana cómo titilan su languidez las luces blancas del alba o de los autos en su rauda huída hacia el oeste hasta casi la General Paz. Eh eh eh? 

Si habrás rogado que el semáforo se pusiera rojo para poder mirar para arriba, vos.
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jueves, 18 de noviembre de 2010

negro renegrido versus flúo calipso

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Decirle nomás 'buen día' es descorchar de nuevo la botella de vino abocado que duerme hace un par de semanas en la heladera. Un olor acre conquista el aire para no irse jamás. 

La vida tiene otras aristas, mi querido, pero hay que estar dispuesto a verlas. Para lo cual es necesario pestañear y lubricar el ojo seco, a consecuencia de tantas pestes y metidas de pata. 

La malaria llega, porque uno la llama.

Si es cuestión de invocar, invoco a la lluvia, serena, liviana. Acaramelada.
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martes, 27 de julio de 2010

La percanta


Sólo el contacto con las sábanas de seda y aquella voz amable y varonil susurrándole al oído, le devolvieron la conciencia.

- Tenés sed? - dijo extendiéndole la copa helada con gesto decidido aunque suplicante.

Laura asintió con esa mirada tan suya penetrándole la negritud de sus pipilas. (pipilas, dije?)

En ese exquisito instante - el señor R. sintió
dentro de sí como un tornado en el mismísimo averno (En su cosmos, digamos)

Quiso palparse la boca entre el cosquilleo casi imperceptible de las burbujas del cava, y no se halló.

Fue plasma, océano, dunas. 
Entrega, sacrificio. 
Consagración.  
Locura, al fin.
 

Y apenas pudo balbucear un nombre:

Laa... a... au... ra...

martes, 20 de julio de 2010

Guarda con los te quiero facilongos


Hubo un alguien que le dijo te quiero tan suelto de cuerpo como quién dice: ¿me das 1/2 kilo de pan? Y ella metió la pata hasta el caracú. En apenas unas décimas, pasó de ser gata que desconfía a perra entregada, flor de loto.

Hoy anda renga. Cercenaron su talón de Aquiles (ay!) pero no fue lo peor. Lo extremadamente peor, fue el asesinato a sangre fría de su pánfilo corazoncito.

- Nunca más - Lo dice y repite una y otra vez.

Al menos, no de este lado violado del arco iris.
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lunes, 31 de mayo de 2010

Vívidos episodios difíciles de olvidar


Una vez, hace ya varios años, cuando la vida pintaba otros colores y otras eran las corrientes, los fines de semana solíamos cenar en un restorancito coqueto de un barrio norteño de Buenos Aires. Una noche, le pregunté al mozo, más coqueto y finoli que el barrio, si me sugería las mollejas al verdeo sauvignon blanc, a lo que, con voz elegante de locutor recibido con honores en el ISER, respondió: - Desde luego, Madame. Acto seguido e inclinándose levemente hacía mí, agregó pícaro y susurrante: - Aunque a decir verdad, para mí nada mejor que un buen plato de arroz blanco con dos huevos fritos a caballo.